Formentera no es una isla muy rodeada de mitos y leyendas, aunque sí que se pueden contar muchas anécdotas sobre ella, ya que en el pasado era considerada casi una isla maldita. El origen de dicha creencia fue por parte de los griegos y romanos, los primeros en visitar la isla, que, después de visitar Ibiza, viajaron un poco más al sur y se toparon con su hermana pequeña, Formentera. A diferencia de la relativamente poco poblada Ibiza, a nivel de fauna salvaje, Formentera era un paraje lleno de vida. Los lagartos de la isla, muy poco corrientes de donde procedían los viajeros griegos y romanos, les parecieron grandes serpientes venenosas, y consideraban que la isla era un lugar maligno que atraía a ese tipo de seres, por lo que fue inhabitada hasta el cabo de unos siglos. Sin embargo, una de las leyendas más conocidas por los habitantes de Formentera es la leyenda del tesoro del rey Sigurd I de Noruega. Este rey, que fue el menor de tres hermanos que gobernaron las tierras norteñas de Noruega, fue uno de los pocos guerreros del norte que se unieron a las primeras cruzadas a Tierra Santa junto a unas pocas tropas leales. Los soldados, después de una dura campaña, volvieron a sus tierras contando increíbles historias de los lugares y las ciudades que habían visitado, animando a más de sus compatriotas que viajaran de nuevo con el rey en la segunda cruzada. Fue en este viaje camino de Tierra Santa cuando el rey Sigurd pensó, cuando navegaba cerca de las islas Pitiusas, que sería un buen lugar para intentar ampliar el botín que había almacenado hasta ahora, y asaltó los piratas que se refugiaban en la isla de Formentera. Cuenta la leyenda que los piratas habían acumulado todo su botín en una cueva casi infranqueable y de muy difícil acceso. Eso, sin embargo, no iba a ser un impedimento para el rey noruego. La cueva, cuya entrada estaba situada en un acantilado, era una zona muy peligrosa para acceder, así que el rey ideó el plan ideal para poder atacar con todo su ejército de golpe. Hizo que sus soldados subieran una de sus embarcaciones hasta el acantilado, lo amarró a los fuertes árboles, y, junto con varios guerreros a bordo, la dejo caer por el acantilado, situando la embarcación justo enfrente de la entrada de la cueva. Después ordenó que sus guerreros arrojaran fuego a la cueva para llenarla de humo y hacer que los piratas tuvieran que huir, algo que le dió el nombre por el que se conoce hoy en día la cueva: Cova des Fum (Cueva del Humo). Una vez sus guerreros habían vencido y matado a todos los piratas, el rey pudo entrar en la cueva y hacerse con todas las riquezas que habían acumulado los piratas a lo largo del años, llevándose consigo un considerable botín. No se sabe que fue del tesoro, si Sigurd se lo llevó de vuelta a Noruega, si lo perdió combatiendo en Tierra Santa, o si lo escondió en algún lugar del Mediterráneo, algo que ha alimentado todavía más el misterio de la leyenda. La cueva puede verse actualmente si visitamos la isla con un coche de alquiler de Formentera, puesto que se encuentra en los acantilados de la Mola, un lugar de gran interés turístico, aunque para visitar la propia cueva hay que hacer rappel para poder llegar a ella.
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